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¡Camarero, camarero!, hay una mosca en mi helado.

agosto 8, 2008

Todo empezó una calurosa tarde de verano. Serían las 16.00 h. cuando al terminar mi plato de arroz y tomar algo de fruta, decido saborear un último postre en forma de helado sin esperar el desagradable encuentro que vendría a posteriori.

Ingenuamente feliz me dirijo hacia la nevera dispuesto a ejecutar mi plan. Al coger el bombón helado encuentro oportuno cambiar mi ubicación, paso de la mesa hacia un lugar algo más cómodo y relajado, el sofá de casa.

Con mi atención puesta ya en el interesante documental sobre la lucha entre la gacela parda y el mono ibérico en tierras tropicales, destapo el, a priori, delicioso bombón de chocolate blanco y le doy un bocado sin siquiera echarle un vistazo. Mientras saboreo en mi delicado paladar el gran chocolate blanco y suave crema del mini bombón, la gacela parda decide darle una tregua al ya malherido mono. Es en ese momento cuando en vía de darle un segundo mordisco a mi helado, bajo la mirada y lo giro levemente.

Cual es mi sorpresa e incredulidad cuando contemplo en un borde superior creado con el primer bocado, algo negro e inmóvil debajo de una fina capa de escarcha. Sin quererlo estaba compartiendo mi postre con el lecho de muerte de una desafortunada mosca.

Todo pasó ya muy deprisa. Solté rápidamente el helado y me dirigí hacia el servicio sin saber ciertamente si la comisura de mis labios había tenido el “gusto” de saborear eso que parecía un gran tropezón de chocolate.

Aquí termina lo que es la historia de un postre con sorpresa y empieza lo más curioso, que es cuando comparto mi vivencia con los amigos. Me suelen contestar con replicas sobre insectos y otros animalitos que se entrometieron en sus vidas dignas de ser comentadas y de las que únicamente voy a desarrollar dos de las más curiosas.

Un amigo, portador de lentillas, se levanto una mañana y lo primero que hizo fue ir a prepararse un vaso de Nesquick del que hacia tiempo que no tomaba. Todo andaba bien, la receta es sencilla, leche fresca, Nesquick en polvo y azúcar al gusto. Le dio el primer trago y noto algo extraño tanto en sabor como en la forma de los grumos, fue cuando observó bien de cerca, ya que no se había puesto las lentillas, que en su vaso nadaban una serie de pequeños bichos y el boté estaba rebosante de estas alimañas.

Esta segunda historia le ocurrió a un amigo de un compañero de trabajo. Cuenta que a tal individuo le gustaba mucho los prados, la hierba, las zonas verdes de esas que tanto abundan en nuestra vasta tierra. Una noche justamente estaba soñando que andaba en una gran ladera, correteaba felizmente de un lado hacia otro cuando de repente se paró y empezó a darle bocados a la hierba cual vaca. Despertó y el sueño se convirtió en pesadilla, pasó su mano por su boca y lo que tenía no era un puñado de hierba verde si no una oscura cucaracha fresca ya muerta entre sus dientes.